Los presos vascos, como toda la sociedad vasca, hemos vivido en estos últimos meses un tremendo vendaval de acontecimientos: el Acuerdo firmado en Lizarra y Garazi por los agentes políticos, sindicales y sociales; el alto el fuego ofrecido a la sociedad vasca por Euskadi Ta Askatasuna; el éxito de la campaña por el euskara "Bai euskarari"; la multitudinaria manifestación por los derechos de los presos realizada en Bilbo; la llevada a cabo en las calles de París con el mismo grito; el nacimiento de la Asamblea de Representantes de los Municipios de Euskal Herria; la gran manifestación llevada a cabo en Baiona por un Departamento Vasco... Son tantos otros acontecimientos que nos confirman la corrección de la estrategia que hemos desarrollado durante largos años de lucha y sufrimiento junto a los compañeros de la izquierda abertzale y a muchos ciudadanos vascos. A la vista está
En lo que nos concierne directamente, lo primero que queremos subrayar es la extensión que ha alcanzado la exigencia del respeto a los derechos de los presos vascos; más aún, en este momento en el que tanto se habla sobre los presos políticos vascos mientras nos siguen negando una y otra vez la posibilidad de dar a conocer nuestras opiniones.
Han pasado más de tres años desde que comenzamos la lucha por que se nos reuniese en Euskal Herria y se respetasen nuestros derechos. Aunque las incesantes huelgas de hambre, encierros y acciones de todo tipo realizadas en esa lucha traían consigo el aumento del castigo de la cárcel y de los carceleros, el convencimiento de que nuestra lucha era justa y el gran eco y prolongación que nuestros gritos recibían en la sociedad vasca nos han dado fuerzas para seguir adelante, por encima de todos los sufrimientos.
El torrente de ciudadanos reunido en Bilbo ha mostrado inmejorablemente cuán fuerte es ese grito, imposible de ocultar por los que nos tienen encarcelados, por mucho que se tapen los oídos y cierren los ojos. Además de la adhesión de infinidad de organizaciones de Euskal Herria y de las movilizaciones que se suceden día tras día en sus calles, también a las de París llegó ese grito, gracias al apoyo de 20.000 ciudadanos y la firma de muchos políticos. Hoy mismo, esperamos que el acto que va a tener lugar en Bilbo alcance la misma fuerza que todas esas iniciativas.
A ese clamor se han unido partidos que han tomado parte activa en el diseño de la política de dispersión y que durante muchos años han defendido esa política. Sean bienvenidos. Ya era hora. Pero después de tantos años, después de aguantar tanto dolor, se nos hacen demasiado baratas las adhesiones que se limitan al discurso. Porque la voluntad no se demuestra sólo con palabras, ni siquiera apareciendo en la foto de una manifestación en un momento dado. La verdadera voluntad pide una actitud decidida y cotidiana.
Los Estados español y francés le niegan la palabra a Euskal Herria, esa palabra que se ha hecho oír de la forma más clara en tantas movilizaciones realizadas por la sociedad vasca en pueblos y barrios, y en los manifiestos de muchas instituciones. Y los presos seguimos dispersados, las palizas siguen e incluso aumentan, siguen secuestrados los compañeros que al tener cumplidos tres cuartas partes de la condena deberían estar en la calle, nuestros parientes siguen obligados a hacer miles de kilómetros y siguen muriendo en las carreteras, y nos ponen todos los obstáculos imaginables para estar, como ciudadanos vascos, entre nuestro pueblo, y realizar junto a él nuestra aportación al proceso. Somos nosotros quienes tenemos la desgraciada ocasión de constatar con toda su crudeza y día tras día esa "violencia" de la que tanto se habla.
El Estado español se imagina al parecer que al traer a la península a los compañeros que tenían fuera (eso sí, a las cárceles más alejadas de Euskal Herria, que "casi se les caen al mar") ha hecho un "gesto". Como si se pudiera escalonar lo que son derechos. Tal como hemos dicho con frecuencia, para ellos no somos sino una moneda de cambio para el mercadeo político, una moneda de cambio para condicionar la marcha de la izquierda abertzale y de todo el Pueblo Vasco. ¡Qué equivocado está quien piense que vamos a caer en esa trampa!
El juego tramposo del Estado español encuentra eco en el del francés. Haciendo oídos sordos al grito que tuvo que oír en el mismo París, quiere hacer creer que la cuestión de los presos políticos vascos es "asunto del Estado español", y utiliza esa excusa para mantener la dispersión, para seguir concediendo extradiciones y enviando compañeros a España. De hecho, en esto como en todo lo que toca a la opresión de Euskal Herria, va de la mano con el Estado español.
Pero dejando a un lado el dolor que cotidianamente nos impone la cárcel, también hemos vivido momentos de alegría, y no sólo porque el posicionamiento de una amplia mayoría de la sociedad vasca a favor de nuestros derechos nos haya dado nuevo aliento. Si son momentos para estar contentos y esperanzados, es sobre todo porque se están dando pasos firmes en el camino de la construcción de una Euskal Herria libre.
El proceso que se puso en marcha tras el Acuerdo de Lizarra-Garazi ha tenido prolongación en la Asamblea de Representantes de los Municipios de Euskal Herria. Hemos visto con ilusión a los partidos que de palabra se tomaban por abertzales pero de hecho, durante largos años, han colaborado con los españoles, sentar junto a la izquierda abertzale las bases de una futura Euskal Herria libre. Por primera vez cuenta el Pueblo Vasco con una estructura institucional que lo abarca en su totalidad. ¡Que sea no sólo el germen de esa Euskal Herria libre que soñamos y deseamos, sino la semilla de un árbol de abundante fruto!
Hace veinte años que los vascos no hemos vivido una situación parecida. Veinte años perdidos por Euskal Herria y por los ciudadanos vascos. Ya que algunas de esas fuerzas que ahora se mueven en favor de Euskal Herria, hace veinte años se plegaron ante la cerrazón del Estado español. Si con la excusa del "no se puede hacer otra cosa" no se hubieran inclinado ante intereses particulares en lugar de los de nuestro pueblo, muy diferente sería nuestra situación actual. Muchos de nosotros vivimos en persona aquellos momentos, y algunos hemos pasado esos veinte años encarcelados. Pero no es momento de mirar hacia atrás, sino de lanzar la vista adelante.
La frase que corre de boca en boca es la del "proceso de paz". Y lo mismo decimos nosotros. Lo que siempre hemos pretendido es la paz basada en el respeto a los derechos del Pueblo Vasco, y hemos luchado por ella. Muchos compañeros han dado la vida en ese empeño. Cuando Euskadi Ta Askatasuna proclamó el alto el fuego indefinido, quedó claro que estaba ofreciendo una oportunidad a la sociedad vasca y a todos sus agentes. Nos allegamos a ella con entusiasmo y voluntad, a la oportunidad de que todos juntos nos ocupemos de que la personalidad de Euskal Herria sea aceptada y su palabra respetada.
El Estado español ha dado a conocer su respuesta: Euskal Herria no tiene voz propia, ni derechos. Sólo acepta una paz basada en el sometimiento. Dicho de otra forma, le da la vuelta al idioma, y dónde dice "paz" quiere decir "guerra".
No es ésa la paz que deseamos y necesitamos. Nuestra paz es la paz auténtica que vendrá de la construcción de Euskal Herria. Los presos no estamos dispuestos a salir a la calle bajo esa "paz" de Francia y España. No estamos dispuestos a que nos utilicen como moneda de cambio en ese camino sin salida que de "proceso de paz" sólo tiene el nombre. Nos tienen presos por luchar por Euskal Herria, y mantenemos la voluntad firme de proseguir esa lucha. Nuestro deseo mayor no es otro que ése: actuar junto a todos, sentar junto a los demás vascos las bases de la Euskal Herria libre. Que nadie se eche atrás y que la cobardía, el miedo o el egoísmo no ensombrezca la oportunidad que tiene nuestro pueblo. No nos caben dudas de que los Estados que nos oprimen no facilitarán el camino. Pero si se desaprovecha el momento que vivimos perdurará el sometimiento de nuestro pueblo y las cárceles
Repetiremos sin embargo una vez más que vivimos verdaderos momentos esperanzadores, porque sentimos en el ánimo y en el corazón los latidos de la sociedad vasca. Son latidos que desbordan a borbotones todos los obstáculos y límites, porque sabemos que cuando todo un pueblo se pone en marcha no hay fuerza que pueda parar esa marcha.
Nota del traductor: Téngase en cuenta la ausencia de género en euskara, y dése por bueno el plural masculino ambivalente del español. Pero no se olvide que hay presos políticos y presas políticas, vascos y vascas, en las cárceles españolas.
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